ESPECIAL
01 de fevereiro de 2006
Irán y Siria suman fuerzas ante
amenazas foráneas
Prensa
Latina
El presidente iraní, Mahmoud
Ahmadinejad, y su colega sirio, Bashar al-Assad, iniciaron hoy aquí
conversaciones para fortalecer la cooperación política, económica y cultural,
en un ambiente marcado por amenazas foráneas a sus respectivos gobiernos.
Tras un caluroso
recibimiento con 21 salvas de honor, en el que pasaron revista a una guardia
militar mientras se escuchaban los himnos nacionales de los dos países,
Admadinejad y el-Assad ingresaron al Palacio Presidencial, donde desarrollaron
las pláticas.
Al término de esta visita
oficial de dos días, ambos firmarán una serie de acuerdos de colaboración
económica y cultural, según informó el propio mandatario iraní en declaraciones
a la prensa.
Teherán y Damasco tienen
una posición común en cuestiones islámicas y regionales, dijo, al remarcar la
tendencia creciente en las relaciones bilaterales entre los dos países después
del triunfo de la Revolución Islámica en Irán, en 1979, reportó la agencia
Irna.
Este es la primera visita
de Ahmadinejad al exterior desde que asumió la presidencia de Irán, en
retribución al gesto de el-Assad, quien también fue el primero que acudió a
felicitarlo tras su elección, en agosto del año pasado.
El gobernante iraní
recordó que durante su primer encuentro con el gobernante sirio ambas partes
alcanzaron acuerdos en diversos campos y establecieron varias empresas
conjuntas.
Añadió que en esta
ocasión conversarán sobre cuestiones claves de importancia bilateral, regional
e internacional.
En vísperas de su llegada
a Damasco, el primer ministro sirio, Muhammad Naji al-Utri, hizo un llamado a
la expansión de las relaciones con Irán en todos los terrenos.
Enfatizó que los dos
países tienen intereses comunes en el plano regional e internacional y están
enfrentados a sus enemigos en una misma trinchera.
Al-Utri precisó esas
posiciones tras recibir al embajador iraní Mohammad Hassan Akhtari, ante quien
abogó por extender la cooperación económica y técnica, así como vínculos políticos
del más alto nivel para confrontar los desafíos actuales.
Irán se encuentra en
estos momentos bajo fuertes presiones de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y
Alemania para que detenga sus investigaciones nucleares y se someta a una
vigilancia que no tiene precedentes por parte de la Organización de Energía
Atómica (OIEA).
Con el pretexto de que el
programa nuclear iraní puede derivar en su uso con fines militares, las tres
naciones europeas acordaron el último lunes remitir ante la directiva de la OIEA,
una petición para que Teherán sea sometido a sanciones del Consejo de Seguridad
de la ONU.
En la más reciente
aclaración sobre los objetivos de su política nuclear, el Líder Supremo de
Irán, ayatola Alí Jamenei, negó que ese país esté procurando el arma atómica.
"Esto es algo que
los occidentales saben bien -enfatizó- ya que obtener la bomba atómica está en
contra de los intereses políticos y económicos del país y además en
contraposición de las enseñanzas del Islam".
Por tanto, agregó, la
República islámica continuará por el cauce del avance científico apoyándose en
sus principios y sin temer a los escándalos, y el mundo tampoco puede ejercer
influencia alguna en la voluntad del pueblo iraní.
Siria, por su parte,
sufre fuertes presiones políticas y diplomáticas de Washington y sus aliados
occidentales que vinculan a Damasco con la muerte del ex primer ministro
libanés Rafia Hariri, ocurrido en Beirut, en febrero del año pasado.
Estados Unidos también la
acusa de respaldar al movimiento político-militar chiita Hezbolah, a la que
considera una organización terrorista, así como de facilitar la infiltración en
Iraq de insurgentes opuestos a la ocupación militar norteamericana.
A raíz de su proclamada
guerra contra el terrorismo, el presidente estadounidense, George W. Bush,
incluyó a Siria e Irán en el denominado "eje del mal", contra los
cuales se reserva el derecho de lanzar ataques sorpresivos y preventivos en
cualquier momento.
Por otro lado, altos
funcionarios del gobierno israelí expresaron públicamente su decisión de actuar
por los medios a su alcance, entre ellos la fuerza militar, en caso de fracaso
de las presiones diplomáticas para que Irán abandone su programa militar.