ESPECIAL

 

01 de fevereiro de 2006

Diez razones para rechazar el ALCA
Fernando Báez

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Bajo la presión de un grupo de empresarios y analistas de seguridad nacional, George Bush, padre, que era entonces Presidente de los Estados Unidos, con una vasta experiencia al frente de la CIA, reunió a 34 Jefes de Estado de América en la ciudad de Miami, a finales de 1994, para invitarlos a conformar una zona de libre comercio que abarcaría todo el continente, desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Como resultado de esta Cumbre se suscribió la declaración de principios denominada “Pacto para el desarrollo y la Prosperidad:  Democracia, Libre Comercio y Desarrollo sostenible de las Américas”. Así nació el plan que hoy se conoce por sus siglas: ALCA.

Hasta la fecha, se han realizado cuatro cumbres presidenciales para consolidar este proyecto, decenas de reuniones entre empresarios y comerciantes, miles de talleres gestados por las grandes corporaciones, millones de folletos han sido editados con el fin de divulgar sus ventajas y, sin embargo, el entusiasmo franco por el tema se perdió de una vez y para siempre y hoy es evidente que el respaldo al ALCA no sólo ha disminuido sino que cuenta con el más amplio rechazo de los sectores populares latinoamericanos, lo que se traduce en el hecho incuestionable de que su fecha límite de puesta en práctica, que era el 2005, ha tenido que ser postergada indefinidamente.

Acaso para entender a estas alturas el fracaso del ALCA como alternativa de desarrollo, sería imprescindible considerar con atención las diez razones más conflictivas que pueden esgrimirse en su contra:

1) Acelera el plan hegemónico de Estados Unidos. Dentro del mundo en que vivimos, con grandes bloques económicos, es obvio que Estados Unidos no tiene ya suficiente fuerza para detener su gran derrota ante las economías asiáticas y europeas y el ALCA ha sido un instrumento diseñado para poner a América Latina al servicio de una estrategia en la guerra comercial por conquistar mercados globales. El ALCA supone un mercado con 800 millones de personas y su consagración significa que el 20% del comercio mundial, con producto interno bruto del  40% del PIB Mundial, estará bajo el liderazgo de la nación más cuestionada de la historia: Estados Unidos.

2) Su origen está en las grandes corporaciones. Actualmente, los gobiernos de Estados Unidos no responden a presiones populares sino a la presión de grupos corporativos que temen los cambios de gobiernos en América Latina y pretenden convertir al ALCA en un elemento que facilite el control permanente de economías ricas en materia prima a la que, sin una política que agilice su manejo, no resulta fácil dominar.

3) Fortalece la dolarización de todo el continente. En un momento en que el dólar pierde espacios en el planeta, la estrategia servirá para transformar a los países que se sumen al ALCA en armas para mantener el status de esta moneda.

4) Auspicia una visión errónea de la integración. La integración que más resultados trae procede del área cultural y, en su lugar, se coloca el ámbito comercial como el eje de la interacción entre países. No puede imaginarse una mayor perversión del fenómeno humano.

5) Destruirá el medio ambiente. Estados Unidos cuenta con una economía depredadora que explota indiscriminadamente los recursos naturales, y el ALCA implica avalar este deleznable tipo de prácticas, incluso extender esta visión en todo el continente.

6) Aniquila la autonomía de las economías de América Latina. De hecho, las subordina a una concepción de conflicto y competencia, y consagra un intercambio asimétrico que terminará por asfixiar la independencia económica de América Latina. Es ingenuo pensar que Estados Unidos, cuyo Producto Interno Bruto representa el 77% en el continente, tiene socios para establecer un intercambio entre iguales.

7)  Sus premisas son falsas. Se argumenta que 29 países quieren participar en el ALCA y que eso es suficiente. Pero los hechos indican tra cosa: por una parte, de los 29 hay 11 países que no están convencidos y, por otra parte, sin la participación del MERCOSUR (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y ahora Venezuela, este convenio tiene los días contados. Cuba tampoco ha sido incluida, por lo que hablamos de 6 países con rechazo firme.

8) Aumentará la pobreza. México es el mejor ejemplo de cómo su asociación en el ALCA no se ha traducido en la reducción de los índices de pobreza, pues de cada cien mexicanos, setenta y cinco son más pobres,  y es una realidad que el ALCA, de consolidarse, llevará el número de pobres en América Latina de 210 millones a 350 millones en un plazo muy corto. El índice de desempleo que crearía la quiebra de miles de empresas pequeñas, sin embargo, es incuantificable.

9) Pone en riesgo la seguridad de un país con una economía débil. Una vez firmado el tratado del ALCA, no será posible gravar con impuestos las exportaciones o limitar las importaciones, incluso cuando el gobierno de un país afronte una crisis social, una escasez de alimentos o requiera recursos naturales como el gas.

10) Es una trampa. Se señala que el mercado será el árbitro en asuntos económicos, pero será Estados Unidos quien fije las reglas de ese juego de mercado. Las consecuencias son: el fin de la industria de medicamentos genéricos con propósitos sociales, el fin de las pequeñas y medianas empresas, y el fin de la producción agrícola de aquellos países que compitan con Estados Unidos, dado que esta nación subsidia con millones de dólares a sus productores agrícolas anualmente.

Estas son diez razones, pero hay mil más, para que los escépticos consideren la posibilidad de no respaldar el ALCA.

Fernando Báez Autor de La destrucción cultural de Irak (2005)

 

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