Clipping - Internacional

CORREOS PARA LA EMANCIPACION

Director: Fernando Bossi. Año VII, Número 270, 3 de setiembre de 2005
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04 de setembro de 2005

VENEZUELA: SIN RODEOS. Entrevista con Farruco Sesto, por ENcontrARTE.

NUESTRA AMÉRICA: PUEBLOS, ONGS Y “SOCIEDAD CIVIL”. Por Fernando Ramón Bossi.

BRASIL: AMAZONIA: EN DEFENSA DE LA SOBERANIA. Por Fernanda Brozoski.


VENEZUELA:
SIN RODEOS.
Entrevista con Farruco Sesto, por ENcontrARTE
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El arquitecto, pintor y poeta Francisco Sesto Novás. “Farruco”, es el actual Ministro de la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela.

Venezolano nacido en Vigo, España, en 1945, durante la última década ha ejercido diferentes cargos en la administración pública. Ha sido Viceministro de la Cultura del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, Presidente del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC), miembro de la Comisión Presidencial para la Alfabetización (Misión Robinson). En junio de 2004 durante el proceso de reorganización y reestructuración del Sector Cultura se crea por decreto presidencial la figura del Ministro de Estado para la Cultura y Farruco es ratificado para este cargo por el Presidente Chávez, dando así continuidad a las políticas que había emprendido como Viceministro. Desde el 10 de febrero de 2005, con la formación del Ministerio de la Cultura está a cargo de esta cartera.

Arquitecto de alma y de profesión, con diversas obras premiadas tanto en Venezuela como en el exterior, ha sido durante veinticinco años Profesor Titular, ahora jubilado, de la Cátedra de Diseño en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Ha sido autor de poemas y ensayos; escribió: “Isolda” antología poética  y  “Una Pasión” -novela corta galardonada en España- 1990, “Libro de la luna interior” -antología poética- en 1995, “Desnudo el tuyo tan hermoso y para nosotros necesario” -dibujos y poemas- 1997, “Estudio de la mirada, la presencia, la belleza, la necesidad, el deseo, la desolación y la resurrección”- antología poética- 2002, “Porque soy chavista” –ensayo- 2002 y ”Fatigas y fulgores”-antología poética - 2003.

 

ENcontrARTE: Ministro, hay mucho por hacer y mucho se está haciendo en materia de Cultura. En cada una de las áreas de actividad artística y cultural se presentan temas particulares que merecerían atención, pero hoy no pretendemos preguntar sobre cada aspecto, sino centrarnos en algunos cuestionamientos de carácter general que se hacen a su gestión. Deseamos en esta oportunidad, representar los interrogantes de la gente que critica, tenga o no tenga razones, pero que participa, igual que usted, en la construcción de una nueva cultura, de una nueva sociedad. Usted nos permitirá ser todo lo  irreverentes que seamos hoy, en aras de ir al fondo de las cuestiones y hacer llegar al público sus puntos de vista.
Algunos críticos piensan que lo que usted hace no es propiamente cultura, sino que más bien se acerca a la administración de recursos para el mundo cultural. Afirman por ejemplo, que se continúa el reparto de “subsidios”, a través del “embudo”, mas cantidad para los “grupos de prestigio, reconocimiento e infraestructura”, los de la lista “repic”, y “amigos” de funcionarios de turno, que tampoco presentan rendición de cuentas, o ¿es que los que tienen millardos asignados llevan las facturas para comprobar sus gastos?, es decir, sigue viva la cultura como instrumento mercantil ¿Qué puede contestar?

FS: Esto es tema para una conversación larga, pues larga y ancha es la sensibilidad en relación al tema de los subsidios. Allí hay resentimientos, disputas, celos, oportunismo, revanchismo y muy poca tranquilidad. Es, desde luego, lo que sucede, cuando se ve al Estado estrictamente como un suministrador de recursos financieros. La historia de la lucha por los subsidios, desde que estos comenzaron, es una historia de cuchillos afilados y muertos en el camino. Digo muertos metafóricamente, por supuesto. Si me aceptaran que lo definiese en términos personales, diría que ese tema ha resultado la peor pesadilla para la gestión que estoy dirigiendo. Es una cultura, hay que decirlo, establecida por la cuarta república y en las condiciones de la cuarta república. Quiero aclarar, para ponernos de acuerdo, que cuando hablamos de subsidios estamos hablando de aportes financieros sin obligaci&oacut e;n de retorno, a organizaciones no gubernamentales. No son créditos. Pero tampoco son subsidios en el sentido en que lo define el diccionario, es decir, no son ayudas extraordinarias. No. En muchísimos de los casos, creo que en la mayoría, son aportes que se convierten en la espina dorsal, en el elemento financiero esencial, estructural, de esas organizaciones privadas. Esto lo hacía justamente la cuarta república porque, salvo excepciones, no concebía al estado haciendo otra cosa que dando recursos. Y con eso compraba conciencias, aplacaba sectores y desarrollaba un clientelismo lo suficientemente condicionado como para que le sirviera a sus fines.

ENcontrARTE: ¿Y ahora qué pasa?

FS: Que algunos grupos que se dicen afectos al proceso, en vez de cuestionar el modelo, que es de naturaleza dudosa y que hay que ir transformándolo a fondo, tal como lo tratamos de hacer a pesar de las presiones, piensan que lo que hay que hacer es modificar el listado de los beneficiarios. Hablan contra los grupos “de siempre”, contra lo que llaman el “embudo”, y a veces se extralimitan y llegan a referirse a los “amigos de los funcionarios de turno”. Yo cuestiono todo eso. No sé trata de quítate tú para ponerme yo. Creo que por ahí no va la cosa. No se trata de eliminar o castigar a unos grupos para substituirlos por otros. Es obligatorio cambiar el modelo.

Nosotros hemos tratado seriamente de universalizar y democratizar el sistema de acceso a esos recursos. Establecimos mesas de discusión, que aunque no hayan funcionado como debieran, son una buena oportunidad para confrontar criterios. Establecimos cuotas de aportes por estados, para que la mayoría de los recursos no se quedase en la zona central y en Zulia, como antes sucedía. Establecimos cuotas por área de actividad, para que no todo se fuese a música, teatro y danza, como también sucedía. Pues pensamos que hay otras áreas que deben contar con el apoyo en igualdad de condiciones. Me refiero a actividades como las del mundo editorial, las del cine y audiovisual, las de las emisoras comunitarias, páginas web, etc, que no eran actividades tradicionalmente subsidiadas o lo eran en muy escasa medida. Pero también diseñamos nuevas formas de relación con los grupos al m argen de los subsidios, como se ha manifestado en el apoyo a giras, convenios de producción, contrataciones para actividades puntuales y así por el estilo. Pongo por ejemplo, los encargos a las cooperativas de cine y audiovisual, los concursos como el Yulimar Reyes, las giras del Madera, Sontizón, Lloviznado Cantos, y tantos otros grupos, la cantidad de artistas que han sido contratados para los eventos nacionales e internacionales, los certámenes mayores y todas esas nuevas formas de relación, sabiendo siempre, por supuesto, que los recursos son limitados.

Y ahora, este año, el directorio del CONAC tomó una decisión importante que es la de no asignar a ninguna institución o grupo, a través del plan de subsidios (lo que se conoce como el PFC), más del cincuenta por ciento del presupuesto que van a ejecutar. O sea que las instituciones privadas, no pueden ser financiadas de forma integra o mayoritaria por el Estado, por encima del 50% de su presupuesto, pues eso está en contradicción evidente con su carácter privado. Esto ha causado un revuelo grande pero creemos que es una buena decisión y que no hay vuelta atrás. Si son organizaciones privadas deben conseguir, al menos, el cincuenta por ciento de sus recursos. Eso lo hemos dicho y lo estamos cumpliendo.

ENcontrARTE: ¿Y con respecto a las facturas y gastos?

FS: Déjenme decirles que, por ley, el dinero de los subsidios sigue siendo dinero público, aunque se ejecute por vía privada. Está sometido a controles de auditorias que se supone, salvo que haya razones y pruebas en contrario, que son serias e imparciales. Hablar de favoritismo en las contralorías internas es una acusación de corrupción. Pura maledicencia gratuita. Habría que sustentar esa acusación en pruebas y yo estoy seguro de que no existen. Al menos no existen de una manera estructural. Todo lo demás son chismes e insidias irresponsables producto de los resentimientos. La ley se está aplicando igual para todos y, por cierto, con ánimo, no de castigar, sino de apoyar las distintas manifestaciones culturales. Los auditores tienen instrucciones de ser estrictos pero compresivos con las dificultades propias de la naturaleza del trabajo cultural.

Otro día les hablaré de los subsidios a las instituciones públicas porque eso es una historia también de locura. Universidades, gobernaciones, alcaldías, que crean instituciones culturales, las controlan estatutariamente, las dominan, pero no las apoyan. No les dan recursos. Entonces ¿Para qué las crean? Ahí tenemos un asunto importante. Si el Ministerio de la Cultura les retira el apoyo, estas instituciones entran en una gran crisis. Eso es parte del problema que tenemos.

En definitiva y para resumir: No creo que el papel fundamental del Estado en materia cultural sea repartir recursos a las instituciones privadas. No creo que, en todo caso, esa distribución se haya hecho en forma perfecta. Yo soy el primer crítico, aunque sostengo que hemos mejorado mucho. Creo, además, que la presión en demanda de más ayuda se produce porque los presupuestos de las gobernaciones y alcaldías, en la mayoría de los casos, no contemplan recursos suficientes para apoyar a las organizaciones de alcance regional y local. Anoto allí un lugar importante para la lucha ciudadana. Exigir mayores presupuestos para la cultura en los municipios y en las gobernaciones.

ENcontrARTE: ¿Cuántos grupos o proyectos culturales se benefician de esta política?

FS: Directamente, a través del Plan de Financiamiento Cultural al Sector Privado, alrededor de dos mil seiscientas instituciones o grupos en todo el país. La ley exige que tengan personalidad jurídica y establece unas ciertas normas. El total de la partida alcanza a cuarenta y siete millardos.

ENcontrARTE: ¿Qué le respondería a algunos críticos que sostienen que regalar libros no ayuda a incentivar la lectura?

FS: Que no estamos negados a las observaciones de esos críticos. Que estamos abiertos a todas las ideas para convertir a Venezuela en un país de escritores y lectores. Que por favor nos ayuden a establecer políticas realistas para conseguir ese objetivo. Y cuando digo realistas, digo que se sostengan financieramente y tengan sentido desde el punto de vista de las posibilidades logísticas con que cuenta el Ministerio de la Cultura. Este año entra en funcionamiento la gran editorial popular que va a editar al menos dos mil títulos de aquí al final de 2006. Este año se están abriendo 22 librerías más de la red Kuai Mare para alcanzar las 46 librerías que estarán presentes en todos los estados. Estamos en vías de montar la imprenta de la cultura. Recuperamos la revista Imagen que está saliendo cada dos meses y en 2006 será ya mensual. Recuper amos Monteávila, como está a la vista de todos los ciudadanos.

Lo mismo con la Biblioteca Ayacucho que tiene en proceso, según la última información, 48 títulos nuevos. A Plena Voz ya editó un millón trescientos mil ejemplares. No sé cuál es la cifra millonaria del tiraje de Todosadentro, pues salen semanalmente unos doscientos cincuenta mil ejemplares y ya estamos en su segundo año. Las ferias están llegando a todas partes. El Ministerio está presente con sus libros en los megamercados populares. Todo eso está al servicio de una política. De modo que no se trata sólo de regalar libros. Pero, ¿por qué no se pueden obsequiar libros a los sectores populares, para incentivar en ellos la lectura? ¿Qué tiene de malo? ¿No se hacen carreteras a fondo perdido? Una edición de un millón de Quijotes es una carretera del espíritu. Es por eso que lo seguiremos haciendo. < /p>

ENcontrARTE: ¿Porqué cree usted que existen voces bolivarianas que critican su gestión?

FS: Siempre es bueno que haya críticas y que haya lugares para la discusión. He tratado de construir esos lugares y de dar la cara siempre que he podido. No me refiero sólo a mi en lo personal, sino a todos los responsables de la actual gestión de la cultura. Si no hemos sabido hacerlo mejor en muchas oportunidades, debemos aceptar las críticas, las sugerencias y hasta los regaños. Tenemos fallas y estamos conscientes de ello. También sabemos casi siempre dónde se originan las fallas. Manejar el aparato del Estado es realmente difícil. Bienvenidas, pues, las críticas solidarias, fraternales, bolivarianas, revolucionarias. Lo que no acepto ni voy a aceptar nunca es el antagonismo envenenado, producto de rencillas y del individualismo de algunas figuras. Me produce dolor cuando lo sufro de parte de algunos que se dicen revolucionaros. Cuando veo que lo que buscan es la descalificac ión por cualquier medio. Nunca, o casi nunca, les he contestado. Trato de reservar la energía para debatir con la oposición de verdad, la que añora la gestión cultural puntofijista.

ENcontrARTE: En una entrevista que publicamos recientemente se dice, criticando su gestión, que “la inclusión comienza por permitir que todos tomemos decisiones. O que al menos entendamos los criterios con que se toman las decisiones”¿Cuán participativa es la política de su ministerio?

FS: Díganlo ustedes. ¿Por qué no contesta Encontrarte esa pregunta? Yo dirijo una gestión absolutamente participativa. Busco la participación a fondo en todo lo que es esencial. Pero sería bueno intercambiar puntos de vista sobre la verdadera naturaleza de la participación. Algunos piensan que se reduce a levantar la mano y pedir la palabra en algunas asambleas. Yo tengo una visión un poquito más compleja y completa de lo que es la participación. Creo que ahora, como nunca antes, se han abierto posibilidades de participación del pueblo para que éste se haga dueño de los espacios culturales. Digo del pueblo, no sólo de aquellos que dicen representarlo. Pero esto puede ser tema de otra conversación. Es un tema importantísimo. Yo he hecho del esfuerzo por la inclusión la guía de toda nuestra política.

ENcontrARTE: Un sector del mundo cultural sostiene la necesidad de una Constituyente Cultural. En la entrevista que acabamos de mencionar se dice que  “Cultura y revolución son términos sinónimos. La Constituyente cultural va hacia eso. Va hacia un golpe de estado de la institución decimonónica social, política, cultural. Nosotros los artistas no necesitamos al Ministerio de la Cultura , el Ministerio de la Cultura necesita de nosotros los ciudadanos y los ciudadanos artistas. De este encuentro es desde donde va salir un ciudadano artista y además, revolucionario?” ¿Qué responde?

FS: Me gustaría, sinceramente, que me aclaren un poco que es eso de la Constituyente. Lo he oído como reclamo y como consigna. Lo he oído bastante. Pero no conozco bien la idea y la forma de realizarla. Yo entiendo que una constituyente, para que se dé, precisa de varias condiciones. Vamos a ver si están de acuerdo conmigo. Por ejemplo, tiene que tener un objetivo claro. En el caso de la Constituyente Bolivariana que impulsó el Presidente, el objetivo era, justamente, producir una nueva Constitución. ¿Cuál sería ese objetivo en el caso de una Constituyente Cultural? ¿Una ley orgánica? ¿Un conjunto compacto de nuevas leyes y la eliminación de las existentes? ¿Es eso posible, trabajarlas como un Conjunto? ¿O se trabajarían por separado? Pero entonces ¿En qué consistiría el carácter de constituyente? Y adem ás ¿Cuáles serían esas leyes?.

Por otra parte, una constituyente necesita unas reglas de juego y unos plazos. ¿Quién determina cuáles son unos y otros? ¿Quién participaría en ella y de qué forma? ¿Cuánto tiempo tendríamos para ello? ¿Elegiríamos representantes o constituyentes como en el caso de la Constitución Bolivariana , o nos lanzamos a un asambleismo puro y simple? ¿Quién llevaría el registro de ese asambleismo? ¿Con que métodos? ¿Cómo se consolidaría el producto de tantas voluntades, entendiendo que no todo el mundo piensa igual?

Me preocupa especialmente el tema de la participación. Si queremos ser serios tendríamos que diseñar un sistema que garantizase que toda la población, todos los pueblos originarios, todas las comunidades, todas las culturas, los dieciséis millones de venezolanas y venezolanos adultos, los veintidós mil quinientos centros poblados, todos, participasen activamente en la constituyente. No hacerlo así, no sería serio ni revolucionario. Me pregunto si estamos en capacidad de emprender una tarea semejante. Me pregunto también de donde saldrían los importantes fondos que se necesitarían para llevar a cabo esa tarea. Y si valdría la pena. Tal vez sí, no lo niego. Depende del objetivo. Pero ¿no habría otras formas de alcanzarlo? ¿Paralizamos la gestión pública cultural para dedicarnos a una labor tan inmensa y absorbente? No lo tengo claro. Por eso digo que me gustaría ver un proyecto al respecto que sea razonable. Mientras tanto, lo veo nada más como una consigna que puede ser orientadora pero que también puede enredar las cosas. ¿No estaremos jugando con veleidades utópicas? Me gustaría que alguien me respondiera estas preguntas precisas sobre la factibilidad del planteamiento.

Ahora bien, si los que lo plantean, según ustedes me cuentan, no necesitan al Ministerio de la Cultura ni a la vieja institucionalidad a la cual llaman decimonónica, entonces ¿Por qué no emprenden de una vez esa tarea? Eso se llamaría consecuencia entre las palabras y los hechos.

ENcontrARTE: El Artí­culo 26 del decreto sobre Organización y Funcionamiento de la Administración Pública Central establece 10 competencias para el Ministerio de Cultura. ¿Las políticas que el ministerio lleva adelante, se enmarcan en esas competencias y expresan el pensamiento ideológico-polí­tico-cultural revolucionario y bolivariano?

FS: El único pensamiento ideológico-político-cultural revolucionario y bolivariano que yo, como Ministro de la Cultura , puedo reconocer y al cual me debo, es el contenido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que el pueblo discutió y aprobó en referéndum. Ese pensamiento constitucional es nuestra guía. Sigo también las instrucciones del Jefe del Estado y líder de este proceso con respecto a las grandes estrategias que el gobierno se traza. A partir de allí, me muevo institucionalmente con la mayor libertad del mundo. No me pongo trabas, ni nadie me las pone. A mi, en lo particular, no me agrada referirme a tareas ideológicas. Le tengo una cierta reserva a la palabra ideología. Se presta a muchas incomprensiones y a diferenciar, más que a unir. Prefiero hablar de nuestro compromiso con la tarea de elevar el nivel de concie ncia. Creo que ese el punto. Creo que, si tuviéramos que resumir todas las funciones del Ministerio en una, yo elegiría esa: Elevar el nivel de Conciencia. Ese es el trabajo que intentamos hacer todos los días.

ENcontrARTE: Sabemos que el Urbanismo y la Arquitectura son áreas históricamente olvidadas por las instituciones culturales y que usted tiene previsto rescatar mediante una política especi­fica. Pero esta iniciativa, no ha sido percibida por la sociedad, quizás sea por la impaciencia y la ansiedad de hacer algo. En una carta que nos llega se dice que “humilla la agresión contra los pocos espacios amables que pudiera haber tenido la ciudad de Caracas y que llama la atención el silencio del ministro de Cultura”. Nos parece sentir un clamor generalizado ¿Qué hacer?

FS: Recojo de muchos sectores del pueblo, una gran preocupación sobre la gestión a nivel municipal en diversos lugares del país. Pero debo recordar que la comprensión del fenómeno urbano en toda su complejidad es una carencia generalizada en la sociedad venezolana. Tal vez debido a la extendida práctica de políticas populistas (no populares, insisto, sino populistas) por parte de los gobiernos de la cuarta república que hicieron mucho daño en el pasado y que siguen teniendo vigencia cultural, lamentablemente. Hace un rato hablábamos de la necesidad de elevar el nivel de conciencia. Conciencia no sólo del conjunto de los ciudadanos, sino también de los gobernantes locales, alcaldes, concejales y miembros de las juntas parroquiales, sobre cuales son sus compromisos con la ciudad.

ENcontrARTE: De todo lo que usted ha realizado hasta los momentos,¿cuáles son los logros y que queda aún por resolver?

FS: Supongo que se refieren al trabajo en la gestión pública de la cultura. Bueno. Estoy contento en haber contribuído a poner a la cultura en la vanguardia del proceso, junto con otras disciplinas. No más avanzada que otras, pero al menos ya no más atrasada. Ahora la cultura ha sido asumida por el conjunto del pueblo como algo esencial en la transformación revolucionaria. Y sus manifestaciones tienen presencia. Ese es el logro principal. Es indudable. La cultura se está sintiendo. Me complacen también los cambios institucionales que avanzan muy deprisa, la creación de las plataformas para garantizar que el estado pueda cumplir con sus funciones, el aumento en la producción audiovisual y editorial, el trabajo con las comunidades, las políticas de inclusión social y territorial que se han generalizado, el diálogo con el mundo a través de los event os internacionales que están llegando a todo el país y de los encuentros hacia la integración... en fin, muchas cosas. ¿Qué queda por resolver?. ¡Es tanto lo que falta! Pero antes de que finalice el 2006 si seguimos como vamos, haremos un balance que seguramente será bien favorable. Entonces se dibujarán las metas para el segundo período de gobierno. Quienes me releven al frente de la gestión cultural, estoy seguro que tendrán un buen punto de partida para esa segunda carrera. En resumen: siento que vamos bastante bien, a pesar de las fallas y las equivocaciones.



NUESTRA AMERICA:
PUEBLOS, ONGS Y “SOCIEDAD CIVIL”.
Por Fernando Ramón Bossi.

Introducción:

Dentro de los nuevos escenarios de confrontación con el imperialismo y las oligarquías nativas, las fuerzas nacionales y populares latinoamericanas caribeñas deberán considerar, en el corto plazo y entre otros frentes de batalla, por lo menos cinco (5) que tienen como común denominador la entrada en escena de diferentes ONGs, la acción de los organismos internacionales del poder mundial y la directiva desde los Estados Unidos de Norteamérica.

Estos frentes de batalla los denominaremos por la temática que abordarán:

Si bien ninguno de estos frentes por sí mismo define la guerra, es claro ubicar la intencionalidad del enemigo: desgastar, debilitar, desmoralizar, desorientar y carcomer a los gobiernos populares de la región.

Entendemos como gobiernos populares de la región a la Cuba Socialista, a la Venezuela Bolivariana y al bloque sureño compuesto por Argentina, Uruguay y Brasil; siendo estos tres últimos, gobiernos con severas contradicciones, pero con claras intenciones también, en diferentes áreas, de apartarse de las tradicionales fórmulas neoliberales.

El trabajo de “tenaza”

Una línea dura e intransigente se ha presentado hasta hora a través de los principales voceros del Pentágono. El ejército estadounidense, la CIA, los organismos internacionales (FBI, OMC, BM, etc), los medios de comunicación al servicio del gran capital y las fuerzas oligárquicas y cipayas nativa, integran esta tendencia fascista y elitista.

La línea dura, aquella que enfrenta los problemas desde la extrema derecha, ha fracasado en Venezuela y Cuba (Golpe de Estado, terrorismo mediático, sabotaje petrolero, fraude, etcétera, en el primer país; bloqueo, sabotaje, atentados, sansiones, etcétera, en el segundo); se encuentra con serias dificultades en Argentina (negociación del pago de la deuda externa con firmeza por parte de Kirchner, negación a otorgar inmunidad a tropas norteamericanas, etcétera) y, si bien con algunos avances significativos, no con todos los que hubiera deseado para el Brasil de Lula. Esta línea entonces, ha tenido resultados poco positivos para los intereses de la Casa Blanca. Si a esto le sumamos el muy probable desastre en Irak y Afganistán, queda demostrado que esta táctica no le ha dado a la administración Bush los resultados esperados.

La tradicional metodología de la fuerza y la presión, debe ser matizada con otras prácticas más sutiles -sostienen los “tanques de ideas” estadounidenses-, que contemple el mediano plazo y que neutralice la opinión pública mundial, que actualmente cuestiona profundamente los procedimientos empleados por el gobierno de Bush.

Es entonces cuando una linea blanda , aparentemente “progresista” aparece en escena. Aquella que se estimula, a través de las ONGs, montándose sobre un discurso “democrático” en nombre de la “sociedad civil” y aprovechando la desidiologización del conjunto de los pueblos tras tres décadas de neoliberalismo y dictaduras sanguinarias. Avanzar contra los gobiernos progresistas con una máscara “democrática y popular”, es la recomendación que proponen los asesores del presidente estadounidense.

ONGs: ¿al servicio de los pueblos o al servicio del imperialismo?

Sin desmerecer a muchas ONGs que han aportado una valiosa cuota de esfuerzo por combatir los males que aquejan a la humanidad, hay que plantear también, que existe una cantidad significativa de estas organizaciones que son funcionales al sistema. El gobierno estadounidense lo sabe, y aprovecha esa circunstancia para utilizarlas como ariete contra los gobiernos progresistas de la región.

El papel que están cumpliendo muchas ONGs, vinculadas a la defensa del medio ambiente, en esa extraña figura de “cambio de deuda externa por espacios naturales”, es un ejemplo cabal de cómo, estas organizaciones, colaboran en la violación de la soberanía territorial. Amplias zonas estratégicas de Colombia, Panamá, Perú y Belice, entre otros países de la perisferia, ya han firmado acuerdos, en el marco de la Ley para la Conservación de los Bosques Tropicales (TFCA) por los cuales World Wildlife Fund, WWF; The Nature Conservancy y Conservation Internacional se han convertido en administradoras –leasé dueñas-, de estos espacios ahora privatizados o extranjerizados.

Otro ejemplo de cómo el imperialismo pretende avanzar camufladamente, lo representa la United States Agency for International Developpment (USAID), una agencia gubernamental estadounidense, dependiente del Departamento de Estado, dedicada a “apoya el crecimiento económico equitativo a largo plazo y promover la política exterior estadounidense apoyando: el crecimiento económico, la agricultura y el comercio, la salud, la democracia, la prevención de conflictos y la ayuda humanitaria” . La USAID es financiada por fondos públicos estadounidenses, redistribuyéndolos en los países en que Washington considere de “interés”, a través de organizaciones no gubernamentales, ONGs.

A partir de sus ultimos documentos, y de acuerdo al impulso de la táctica de líneas blanda imperialista, esta agencia ha manifestado que su apoyo no tendrá como único fin la “ayuda humanitaria”, sino que se volcará, fundamentalmente, a “estimular reformas democráticas”. Los cañones afinan la puntería.

¿Quién financia a muchas de estas ONGs?

En principio financian los estados imperialistas y fundaciones con casa matríz en las metrópolis. En segundo lugar los donantes de los países ricos y tercero una considerable cantidad de empresas multinacionales que “han comprendido” la necesidad de sumarse a las “causas justas”. La prédica de la “etica en los negocios” ha sido introducida por las grandes firmas para ganar a una franja más de consumidores, que sólo comprarán sus productos en tanto y en cuanto sean convencidos que la marca de referencia colabora con el medio ambiente, los pobres del Tercer Mundo, la protección de las especies en extinción o cualquier otra causa noble.

Si observamos que en estos momentos más de dos mil ONGs tienen una posición consultiva en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, comprenderemos el lugar que ocupan estas instituciones en los organismos internacionales del poder capitalista mundial.

Los Estados Nacionales en la mira imperialista.

Ahora ¿A quién se pretende atacar a través de la acción de estas ONGs? Al Estado es la respuesta. Al igual que el neoliberalismo, la tarea de estas ONGs al servicio de la táctica imperial, es debilitar el Estado. Entonces, las ONG lo critican desde una perspectiva de "izquierda" y en defensa de la "sociedad civil", mientras que el Banco Mundial, el Pentágono, el FMI y el Consenso Washington lo hacen “por derecha” y en nombre de las leyes del mercado y la modernidad. El trabajo de tenaza nuevamente aparece, como cuando se combatió a anteriores gobiernos populares latinoamericanos caribeños (Perón, Vargas, Velasco Alvarado, Torres). La novedad es que la izquierda colonizada carece hoy de toda envergadura para cumplir el papel de antaño y es por eso que el ala “progresista” de la contrarrevolución encuentra en las ONGs a su expresión más efec tiva.

¿Defensa del medio ambiente versus industrialización?

Sin duda que el sistema capitalista es el mayor peligro para la existencia de la humanidad. La misma especie humana corre riesgo de desaparecer si no se pone término a la irracionalidad de este sistema. Y precisamente, tomando estos parámetros, es que el tema no se puede abordar superficialmente.

Así también lo han entendido muchas ONGs, que han prosperado en todo el mundo y que contienen a una infinidad de tendencias de todo tipo. No hay dudas que no son todas, pero muchas han sido ganadas, lamentablemente, para la utilidad de los intereses imperialistas. Se aupan sobre esa real alarma mundial, pero por detrás alimentan el poder del capitalismo internacional, haciéndole el juego, conciente o inconcientemente.

¿Hacia dónde apuntan los cañones de las ONGs ecológicas funcionales al imperialismo?

1.       A generar la matriz de opinión de que los Estados Nacionales no tienen capacidad ni responsabilidad para proteger zonas y regiones de recursos naturales estratégicos. Bajo la figura de territorios considerados de “Patrimonio de la Humanidad”, extensas regiones, riquísimas en recursos de vida (biodiversidad, agua y oxígeno), pasan a ser administradas por ONGs especializadas en la materia desvinculando así a los Estados de su responsabilidad.

2.       A facilitar a las empresas multinacionales y a los gobiernos imperialistas a adueñarse de territorios con el pretexto antes señalado. Las ONGs, supuestamente “independientes” de los Estados y los gobiernos, actuan como intermediarios de un proceso “no traumático” de traspaso de territorio de un país dependiente a un país capitalista desarrollado.

3.       A impedir el desarrollo industrial soberano de los países periféricos. Ante cualquier interés en instalar plantas industriales, empresas de alta complejidad, industrias básicas o industrias pesadas, aparecen miles de argumentos en su contra bajo el discurso ecológico, el posible daño al medio ambiente, las posibles enfermedades que produciría la contaminación, los pelidros de los residuos tóxicos, etcétera. Es cierto que en la mayoría de los casos existen razones fundadas que justifican la alarma, pero el extremismo con que actúan las ONGs en estos casos, impide que se llegue a entendimientos racionales, a tomar medidas preventivas concretas con el aporte de la comunidad, el Estado, las universidades, las organizaciones sociales y toda aquellas instituciones involucrada en el tema.

4.       A dificultar a los Estados periféricos que, ejerciendo su soberanía, exploten sus recursos naturales de la manera que consideren más conveniente, sin injerencias extranjeras y atendiendo a la estrategia trazada en el camino de la liberación nacional y la independencia económica.

5.       A reintalar la idea de que los países del Tercer Mundo no deben industrializarse, que la división internacional del trabajo debe ser sostenida a toda costa y que nuestro futuro radica en una suerte de regiones provedoras de materias primas y bajo la tutela de organizaciones internacionales que custodiarán responsablemente el “uso racional” de los recursos naturales. La alternativa para los países perisféricos no sería otra que la solicitud a los países capitalistas centrales para que contemplen la figura de “comercio justo” ante el deterioro masivo de los términos de intercambio. La industrialización, prerrequisito para cualquier política que pretenda llegar a la independencia económica, es un objetivo estratégico que será bombardeado por el imperislismo y sus cómplices.

Con legítima preocupación debemos señalar el avance que han tenido los capitalistas metropolitanos con respecto a la apropiación de tierras en el sur del continente a través de argumentos “ecológicos”. La Patagonia, tanto chilena como argentina, palmo a palmo, está siendo enajenada. La Amazonía ya se presenta en los mapas de los libros de geografía estadounidenses como “Patrimonio de la Humanidad”, la Antártida pretende ser repartida próximamente entre los grandes países capitalistas desarrollados. El corredor biológico mesoamericano está en la mira de las multinacionales que avanzan a través de la firma de los TLC. El acuífero Guaraní ya fue ocupado por tropas militares norteamericanas…

Los derechos humanos y los derechos sociales.

Estas ONGs han trabajado meritoriamente contra las diferentes dictaduras que azotaron a muchos pueblos del mundo. Contra el flagelo de la violación de los Derechos Humanos hay que destacar la labor de varias organizaciones humanitarias que denunciaron los crímenes cometidos desde el poder. Esto es real y no se puede obviar.

Pero también hay que decir que el imperialismo, a través del argumento de la “defensa de los derechos humanos”, ha cometido y comete atropellos en todos los confines del planeta. El caso de Yugoslavia y actualmente Irak y Afganistán son casos concretos, y la acción de algunas ONGs ha contribuido para que esto suceda. Lo mismo pasa con Cuba, que año tras año es sancionada en las Naciones Unidas por su “aparente” violación de los Derechos Humanos. Sabemos que atrás de esto, está la presión que ejerce el gobierno estadounidense.

Manejando algunas metodologías vinculadas exclusivamente a la defensa individual de los Derechos Humanos, muchas ONGs especializadas en el tema, han obviado intencionalmente lo que muchos gobiernos han avanzado con respecto a la defensa de esos derechos humanos de manera integral: salud, vivienda, educación, calidad de vida. “Los derechos económicos, sociales y culturales continúan siendo la parte realmente "invisible" de los mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas. Siguen relegados a una categoría inferior, considerados como derechos poco tangibles y un "sueño" de futuro”, ha señalado con justeza un documento emitido desde Cuba.

Pero el ataque de estas ONGs se dirige principalmente contra el Estado e instituciones vinculadas a él. Observen por ejemplo lo que dice una importante organización de derechos humanos de Venezuela, Provea, refiriéndose a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela: “Al lado de los avances, que por su cantidad y calidad podrían deslumbrarnos, está una estructura estatal que constituye una amenaza a los DDHH . En particular y fundamentalmente, esa amenaza viene dada por la condición no explicitada de sexto Poder que adquieren las Fuerzas Armadas Nacionales. Los militares se constituyen en un poder que podría atravesar el cuerpo social…”. Y sigue: “… la Constitución le cambia el nombre a Venezuela por República Bolivariana de Venezuela, en un claro intento por ideologizar a Bolívar a favor del partido de gobierno (de composición cívico-militar) que se asume como bolivariano, tenemos que la nueva Constitución establece la posibilidad de un protagonismo militar en la conducción de lo público”. Quitar poder al Estado aprovechando la pésima imagen que tienen las Fuerzas Armadas tras varias décadas de dictaduras y represión, es un manipuleo “por izquierda” que pretende debilitar la alianza Pueblo-Ejército que en Venezuela ha sido la principal fórmula para derrotar el golpe fascista de 2002 y avanzar en el proceso revolucionario.

La debilidad entonces, de ciertas ONGs de derechos humanos radica en:

1.       Ubicarse arbitrariamente como representantes de la “sociedad civil”.

2.       Despolitizar la situación manejando una suerte de “objetividad” que no es nada más que la visión del mundo y del país que tienen los componentes de esas ONGs.

3.       Subestimar los logros alcanzados, por diferentes gobiernos populares, a través de las políticas sociales: educación, trabajo, salud, vivienda, etc.

4.       Colocarse en arbitros incuestionables, jueces que dan su veredicto sin apelación alguna.

5.       Supeditarse a las normas de las organizaciones internacionales, hoy más que nunca cuestionadas por su demostrada ineficiencia, supeditación a los gobiernos imperialistas de turno.

6.       Enfatizar aspectos cuantitativos a aspectos cualitativos de relevante importancia. Para muchas organizaciones de Derechos Humanos es lo mismo una agresión causada por una provocación contundente que una agresión producto de la intolerancia y la arbitrariedad. La descontextualización de las situaciones, bajo el pretexto de “no tomar partido”, genera de hecho una ubicación de desequilibrio entre el débil y el poderoso.

7.       Utilizar la “teoría de los dos demonios”, como estudio sobre la base de las consecuencias y no de las causas que motivan determinadas acciones. Así se llega a conclusiones ligeras de “meter en una misma bolsa” la violencia de “arriba” con la violencia de “abajo”; la resistencia ante la defensa de la vida con la resistencia para mantener privilegios; etc.

La corrupción y la transparencia. 

Sin lugar a dudas la corrpción es un mal que viene de larga data y que se acentúa gravemente en diferentes los estamentos de los gobierno populares. Importante por lo tanto es combatir este flagelo de la manera más contundente posible.

Ahora, se observa con gran preocupación que las ONGs vinculadas al tema, están haciendo hincapié unilateralmente en los estamentos gubernamentales, sin llevar su práctica hacia otros factores donde la corrupción alcanza grados mayúsculos. Por ejemplo, cabe mencionar que la acción de las ONGs, salvo contados casos, pocas veces alcanza a las empresas privadas, y mucho menos a las multinacionales. El caso de la deuda externa de los países perisféricos es un tema donde la corrupción ha impregnado a todos los actores involucrados: funcionarios de gobierno, empresas, bancos, organismos internacionales, etcétera. Ahí se percibe una escasa y a veces sospechosa participación de las ONGs.

El neoliberalismo, como ideología que fomentó y fomenta los peores valores del individualismo, ha calado hondo en nuestras sociedades. Sería ingenuo pensar que los movimientos de liberación nacional y los gobiernos populares progresistas no contienen en su seno elementos procrives a la corrupción. Pero estos focos de corrupción deben de ser extirpados sin contaminar al resto del cuerpo sano que pretende llevar adelante una política transformadora en beneficio de los sectores populares: que existan individuos o hasta grupos de funcionarios corruptos no quiere decir que la totalidad de un gobierno sea corrupto.

Asimismo hay que señalar que pocas veces las ONGs combaten a la corrupción de “guantes blancos”, aquella que estafa naciones enteras, se adueña ilegítimamente de empresas y recursos naturales; explota a los pueblos; chantajea a los gobernantes, etcétera. Todo esto hace pensar, que la acción de muchas ONGs en esta materia, está más dirigida a socavar el poder de los gobiernos populares que ha combatir el flagelo de la corrupción en sus puntos más neurálgicos.

Es responsabilidad de los gobiernos progresistas y sus instituciones, generar severas campañas contra la corrupción; castigar con sumo rigor a aquellos individuos involucrados en actos de esa naturaleza y someter a extricto control a todos los funcionarios y gobernantes de turno.

¿Voceros de la sociedad civil?

Es tendencia actualmente denominar a las ONGs como OSC, Organizaciones de la Sociedad Civil. Esto tiene una intencionalidad.

Ante la crisis de las democracias representativas aparecieron, en todas partes, diferentes formas de organizaciones populares exigiendo un nuevo modelo de democracia: Asambleas Populares en Argentina, Cabildos Abiertos en Ecuador, organizaciones de defensa de los recursos naturales, espacios participativos de diferentes características, movimientos reivindicativos de estructura horizontal, etcétera. Los partidos políticos tradicionales sufrieron un duro golpe que llego a cuestionar su propia existencia. La consigna “que se vayan todos”, se extendió en toda la región latinoamericana.

Esta situación fue aprovechada por diferentes ONGs que, ante el descrédito de los partidos políticos tradicionales y ante la falta de instancias organizativas que vehiculizaran los reclamos populares, ofrecieron sus espacios como medios de instrumentalizar las protestas. Así, organizaciones ecologistas, de derechos humanos, de género, pacifistas, académicas, etcétera, se instalaron junto a los movimientos populares como una alternativa a las organizaciones políticas revolucionarias. La izquierda, en parte, sin reflejos y salpicada también por prácticas que la ubicaban dentro de las fuerzas tradicionales, no acompañó, como correspondía hacerlo, al movimiento popular de resistencia a las medidas neoliberales.

En esa etapa de la lucha antineoliberal, es cuando aparecen con gran fuerza las ONGs latinoamericanas caribeñas, imponiendo el debate sobre una forzada discusión entre “movimientos sociales versus movimientos políticos”. Las organizaciones sociales eran consideradas y aceptadas en tanto y en cuanto se mantuvieran alejadas y desvinculadas de los partidos políticos. Si bien sabemos que esa artificial separación alcanzó sólo un período determinado, al reconstruirse las fuerzas políticas progresistas y revolucionarias de las derrotas sufridas por diferentes dictaduras militares o partidocráticas, se volvió a dimensionar la tarea político militante como vehículo fundamental a la hora de la lucha por el poder.

No obstante, hoy día, muchas ONGs siguen predicando la necesidad de minimizar la lucha política partidaria, ubicandose como representantes de la “sociedad civil” y generando una discusión diversionista entre las fuerzas populares.

Esta audodesignación de determinadas ONGs, ahora transformadas en OSC (Organizaciones de la Sociedad Civil), esta siendo aprovechada por la política imperialista estadounidense. La Carta Democrática de la OEA es el instrumento que ha elegido el gobierno nortamericano para imponer sanciones o “beneficiar” con elogios a los gobiernos, de acuerdo a los grados de sumisión que mantengan con el Pentágono. Mientras más lacayo sea el gobierno con los intereses imperialistas, conservando las formas de democracia representativa, más felicitaciones recibirá por parte de la administración Bush. Mientras más se ejerza la soberanía nacional y la independencia económica, por más que se apliquen formas democráticas transparentes y profundas, ese gobierno recibirá todos los ataques imperialistas y se considerará como un gobierno totalitario e intolerante. Este es el caso de Venezuela, donde tras 6 años de gobierno, sustentado en 9 elecciones democráticas, el gobierno de Hugo Chávez sigue siendo agredido por los voceros de la Casa Blanca bajo el pretexto de ser un gobierno autoritario.

¿Y cuál es el argumento de los Estados Unidos para querer esgrimir la Carta Democrática contra gobiernos que han demostrado su intransigente vocación democrática y participativa? La opinión de “la sociedad civil”; los puntos de vista de minorías reagrupadas en ONGs que se atribuyen la representación y vocería de todas y todos los ciudadanos.

Es por lo tanto que se impone una denuncia categórica a todas estas ONGs que se pronuncian en nombre de una sociedad civil que realmente no representan. El terrorismo mediático, la influencia de estas ONGs en los foros internacionales, las acciones desestabilizadoras y otras prácticas antidemocráticas generan tensiones que pretenden presentarlas luego como “estado de ingobernabilidad”, caballito de batalla actual para atacar a los gobiernos populares y progresistas. El autoritarismo de Chávez pone en peligro la democracia venezolana; la corrupción del partido oficialista de Lula hace crecer los grados de ingobernabilidad; los problemas de seguridad y falta de políticas represivas pone en duda la gobernabilidad argentina del presidente Kirchner…y una infinidad de argumentos que cuentan, para su respaldo, con la posición cómplice de algunas ONGs al servicio de los intereses imperialistas.  

Desarmar a los desarmados.

El divorcio entre pueblo y Fuerzas Armadas es un tema que ha afectado superlativamente a los pueblos del Tercer Mundo y a los latinoamericanos caribeños en particular.

Pero solo un análisis superficial de nuestro pasado ubicará a los militares como enemigos históricos de nuestros pueblos. Al contrario, desde las guerras de la independencia hasta nuestros días son muchos los ejemplos de militares patriotas que supieron enfrentarse con el imperialismo y las oligarquías nativas en pos de la soberanía nacional, la democracia y la justicia social.

Un antimilitarismo abstracto es enemigo inmediato de cualquier proyecto de liberación nacional e independencia económica. Ahí una coincidencia peligrosa, entre las ONGs “pacifistas” y antimilitaristas y la posición neoliberal globalizadora con respecto a nuestras Fuerzas Armadas. Ambas coinciden en que los ejércitos nacionales deben reducirse a su mínima expresión, limitar sus presupuestos, separarse de toda acción que no sea la específica, desmantelar sus proyectos tecnológicos-científicos, etcétera.

En esta etapa se nota una importante ofensiva por parte de muchas ONGs denunciando la implantación de bases militares estadounidenses en latinoamérica y el caribe. Esa posición es meritoria y debe ser apoyada. Pero también existe una tendencia bien definida a poner en un mismo plano de igualdad a los ejércitos de un país opresor al de un país oprimido.

Las fuerzas armadas latinoamericanas pretender ser, una vez más, manejadas por las fuerzas imperialistas, asignarles un rol de meras instituciones al servicio de la seguridad interna, sin poder de fuego más no sea para reprimir a los ciudadanos, inermes ante agresiones extranjeras, serviles a los dictados del Pentágono en sus políticas antinarcóticos o antiterroristas.

Es necesario, cada vez más, que las Fuerzas Armadas latinoamericanas caribeñas tomen una dimensión y coordinación acorde a los desafíos actuales, que las posicione en la defensa nacional como un único bloque independiente, vinculada estrechamente al pueblo y al proyecto regional de unidad y soberanía. Unas Fuerzas Armadas despolitizadas, descomprometidas con los destinos de la Patria y el pueblo es un error que caro se paga a la hora de las definiciones.

Despolitizar al ejército, convertirlo en un brazo armado al servicio de la política imperialista, es el objetivo de las organizaciones pacifistas que actuan en diferentes países de Nuestra América. En Argentina, tras la derrota de la Batalla del Atlántico Sur –más allá de la conducción militar entreguista-, las ONGs antimilitaristas, se sumaron junto a la partidocracia de turno, a una feroz campaña de “desmalvinización”, antesala de la implementación más salvaje del modelo neoliberal. “Contra el poder de fuego de las grandes potencias no se puede”, fue el argumento esgrimido por los pacifistas. El servicio militar obligatorio, fue abolido; las empresas estatales conducidas por las Fuerzas Armadas privatizadas (extranjerizadas); el Proyecto Cóndor -un misil de gran alcance-, desmantelado; el presupuesto militar achicado a su mínima expresión; etc étera. Cabe aclarar que la sanguinaria dictadura militar argentina colaboró para esto, ya que el odio del pueblo hacia los represores impidió abrir un espacio de discusión sobre ejes nacionales que hubiera llevado a depurar las filas militares y reubicar a las Fuerzas Armadas en la misión para la cual fueron constituídas.

Desarmar a los desarmados es la consigna del Imperio. Todo lo que apunta en esa dirección atenta contra la defensa nacional, aisla a las Fuerzas Armadas del pueblo y debilita a la Nación a nivel internacional.

La hora de los pueblos.

La violenta ofensiva neoliberal de los años 90 se ha debilitado. El Consenso Washington atraviesa una etapa de severos cuestionamientos. Desde fines de este año, hasta fines del 2006, el 87 por ciento de los habitantes de América Latina y el Caribe votarán en elecciones presidenciales. El mapa político de la región, para bien o para mal, se modificará.

Ante esta situación la Casa Blanca está preocupada. Gobiernos populares, que no siguen a pie juntilla sus recomendaciones aparecen en la región: Argentina, Brasil y Uruguay. En Bolivia Evo Morales y el Movimiento al Socialismo están en condiciones de ganar las elecciones presidenciales de diciembre. Chávez y Fidel reciben el apoyo de todo el pueblo de sus respectivos países. Los sandinistas podrían alcanzar nuevamente el poder en el 2006. López Obrador y el PRD de México aparecen con serias posibilidades ante el descrédito de Fox y el tradicional PRI. La candidatura de Carlos Gaviria en Colombia no deja de inquietar a Uribe, como asimismo la situación de Ecuador sigue preocupando a los Estados Unidos. Fuerzas renovadas aparecen tambien en Chile, Perú y Honduras, el Podemos y el Frente Amplio de Izquierda y el Partido Unificación Democrática. De Guyana no se habla, pero las fuerzas progresistas avanzan considerablemente…

Es en este marco que la hegemonía imperialista se comienza a deteriorar y de allí su necesidad de mover piezas en el tablero que den otra imagen de la política exterior estadounidense: una imagen “progresista”, “solidaria” y “democrática”. Para esto le viene como anillo al dedo la presencia de estas ONGs funcionales a sus intereses, suministrándolas de recursos y apoyo mediático.

Las fuerzas populares latinoamericanas caribeñas tendrán que estar alertas ante este “caballo de Troya” que pretende desviar la discusión central y los objetivos estratégicos del proceso revolucionario.

Es responsabilidad de las organizaciones patrióticas, progresistas y revolucionarias no dejarse tentar por “cantos de sirenas”, profundizar la democracia participativa y protagónica, condenar y ser inflexibles con la corrupción, incorporar a las Fuerzas Armadas al proyecto de liberación y avanzar hacia la construcción de una América Latina y Caribeña confederada, independiente y con justicia social.

La “Hora de los Pueblos” se viene anunciando. Un poderoso movimiento popular latinoamericano caribeño, que reuna y coordine a las fuerzas transformadoras será un avance significativo en esa dirección.



BRASIL:
AMAZONIA: EN DEFENSA DE LA SOBERANIA.
Por
Fernanda Brozoski,
de Cuadernos para la Emancipación.

Los recientes conflictos en el interior de Pará vienen llamando una vez más la atención sobre la cuestión del control de la región amazónica. Recientemente, el candidato a director general de la Organización Mundial de Comercio OMC, el francés Pascal Lamy, defendió el viejo discurso de que Amazonia debe ser transformada en “patrimonio de la humanidad”, como otros “bienes públicos globales” sujetos a reglas de “gestión colectiva”.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil luego se pronunció de opinión completamente contraria y publicó nota oficial declarando que “Nuestra posición es diametralmente opuesta a la afirmación del Sr. Lamy. Repudiamos con vehemencia cualquier afirmación que haga relativa la soberanía de Brasil sobre sus recursos naturales”. Celso Amorim, canciller brasileño, llegó a cuestionar la candidatura de Lamy diciendo: “Tales declaraciones son incompatibles con el cargo de director general de OMC, al cual el Sr. Lamy aspira”.

La enorme codicia de las grandes potencias sobre la región tiene muchas justificativas. Según datos del Instituto Nacional de Investigaciones de Amazonia (INPA) el área detiene 20% de la disponibilidad mundial de agua dulce del planeta, tiene altas incidencias de variados minerales preciosos y abriga cerca del 50% de la biodiversidad mundial. Tal diversidad de fauna y flora significa una mina de oro para las grandes multinacionales. Esto representa el movimiento de 315 mil millones de dólares por año con la producción de medicamentos cuyo principio activo es sacado de animales y plantas. También representa la garantía de mercados de cosméticos y de agroquímicos que generan 150 mil millones de dólares anuales.

Además de eso, el INPA apunta que “la cantidad de agua del Río Amazonas constituye cerca de 17% del agua [dulce] líquida del planeta; el volumen de agua en la Foz do Río Amazonas es de 100 a 300 metros cúbicos por segundo; considerando una mediana de 200 metros cúbicos por segundo, eso significa que el consumo diario de una ciudad de 2 mil habitantes sería suplido por un segundo del río”.

Conforme argumenta Bautista Vidal, físico e ingeniero brasileño que ya fue tres veces Secretario de Tecnología Industrial del país y dirigió la implantación del Pro-alcohol (programa de fomento al alcohol combustible), Brasil recibe “por día, una cantidad de energía [solar] equivalente a la energía generada en 24 horas por 360 mil usinas del porte de la hidroeléctrica de Itaipú, hasta hoy la mayor del mundo. Es lo que cae de energía solar sobre el continente brasileño. Una gran parte de la energía que incide sobre la bacía amazónica promueve la formación de la apoteótica floresta y, otra parte importante, la floresta evapo-transpira y la energía es transportada para los polos por medio de gigantesca cantidad de vapor de agua. La floresta amazónica intercambia calor con los polos, regulando los climas del planeta”, “La Amazonia es la dínamo del clima de la Tierra, por medio de intercambios de calor con los polos”.

A su vez, las grandes potencias tienen su economía sustentada en fuentes de energía originada por la quema de combustibles fósiles. En los Estados Unidos, por ejemplo, 82% de la energía eléctrica proviene de esa fuente, principalmente del carbón mineral. Según Bautista Vidal, “Ellos son grandes contaminadores y ahora vienen las organizaciones ambientales estadounidenses decir que es necesario reducir la quema de carbón mineral un 80%. El Protocolo de Kyoto propone la reducción de solamente 10% en la emisión de gases C02. Y el presidente estadounidense dice no. Pero esa quema de carbono va a destruir el equilibrio termodinámico de la exósfera y vamos tener problemas tremendos para el futuro, porque Estados Unidos quema el 25% de la energía consumida en el planeta”.

Ese país tiene una población 75% menor que la de China pero ocupa el primer lugar como país emisor de polución, mientras la nación oriental ocupa el segundo puesto, ya que también es dependiente de carbón mineral y de su poco petróleo.

Amazonia es un tesoro para las multinacionales y es fundamentalmente la mejor salida para solucionar la anunciada falta de energía proporcionada por la escasez de las fuentes de combustibles fósiles. Es codiciando esos preciosos recursos que los países imperialistas, principalmente los Estados Unidos, vienen lanzando, ya hacen décadas, poderosas campañas mediáticas que engañan la opinión pública con falsas informaciones respecto a nuestra actuación en la Floresta. Para el G-7 y Estados Unidos, la solución es transformar a Amazonia en un área universal. Eso no llevaría a su protección, sino a una mayor libertad para que la exploten todavía más. Así como en el caso del ALCA, quieren “libertad” para actuar, para llevarse nuestras riquezas. Como consecuencia de eso, extenderían más profundamente sus dominios e conómicos sobre los países llamados “en desarrollo” (como si algún día fuéramos llegar al estado de “desarrollados” a través del sistema económico capitalista).

No admitiremos la ridícula acusación de que los gobiernos de los países “emergentes” no tienen capacidad administrativa para controlar un “bien mundial” como la Amazonia. Es exactamente la actuación imperialista la que genera la destrucción de nuestra selva.

¿Cómo podríamos creer en la propaganda ambientalista de un país que no firmó el protocolo de Kyoto, alegando que el acuerdo crearía muchos problemas para su economía? ¿O en la buena intención de un país que invadió una nación soberana –fundamentada en un sistema profundamente democrático– ignorando las determinaciones de la ONU y violando todas las leyes internacionales? No podemos olvidar que ese mismo país, después de arrasar completamente la nación invadida, admite no haber encontrado ninguna comprobación para el argumento –de que allí se producían armas de destrucción masiva– bajo el cual fundamentó persistentemente su acción intervencionista. En esa agresión quedó claro cual era el objetivo de Estados Unidos: garantizar el dominio sobre las gigantescas re servas de petróleo de Irak, ya que sus yacimientos propios tienen los días contados.

Como afirmó el presidente Lula: “La Amazonia es nuestra y vamos defenderla con soberanía, guardar nuestro territorio sin vacilación”. El nuevo director general de OMC, sea quien sea, debería ocuparse por el objetivo real de esa podrida institución: combatir el creciente abismo entre los países explotadores y los atropellados, denunciar el intercambio desigual y solucionar su doble discurso cuando trata de subsidios, barreras arancelarias, protección sanitaria y propiedad intelectual.

El sistema económico-ideológico que defienden es incompatible, contradictorio, con la sustentación de la vida humana y la conservación del ambiente. Y es fundamentalmente por ese motivo que América Latina representa una gran amenaza para los imperialistas. En ese momento es aquí adonde se encuentra el foco de propagación de las fuerzas que transformarán el estado de desorden deshumano creado por el capitalismo salvaje.


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